COSAS DE CRIOS (Parte 2)

 

Querido Blair:

¡Hola pequeñajo! ¿Qué tal estás? Pensabas que todo iba a cambiar ¿Verdad? Pensabas que el hecho de que tus padres hablasen con tus profesores y el director, haría que todo cambiase…pero ahora ves que no es así. Sigues estando codo con codo con ese chico que te rompió la boca, tus compañeros siguen pasando a tu lado como si no existieras, siguen riéndose de ti y en muy resumidas cuentas, todo sigue igual.  Que tus padres hayan movido cielo y tierra no ha servido de nada.  Menos mal que ellos serán conscientes e intentarán por todos los medios arreglar la situación.

Intentarán hablar con tu tutora, sí, digo intentarán porque esta no hará más que poner trabas para no tener que reunirse con ellos. Tus padres tras ver una negativa tras otra, tras otra, tras otra irán directamente a hablar de nuevo con el director. ¿Adivina qué? Este también pondrá todas las trabas y problemas posibles para no tener que reunirse de nuevo con ellos. ¿Cuál será la solución entonces? Ir directamente a inspección donde tus padres les pondrán una denuncia al colegio.  Es cierto que nunca sabrás si esa denuncia fue alguna vez efectiva ya que nunca llegará a casa ningún tipo de notificación ni llamada, pero al menos tus profesores te sentaron lo más alejado posible de ese chico.

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`COSAS DE CRIOS´

 

Querido Blair:
Siento mucho todo lo que está pasando. Siento mucho que a diario te humillen, te insulten, se rían de ti y que te hayan llegado a partir la boca.  Siento mucho que hayas tenido que ver toda tu ropa llena de sangre, ver a tu madre con la cara desencajada y los ojos llenos de lágrimas por el susto, la impotencia, la rabia y la frustración retenida en su alma. Siento mucho que tuvieras que entrar corriendo a esa sala de urgencias y ver como los médicos intentan tirar de ti y calmarte tapándote los ojos para que no seas totalmente consciente de tu situación. Siento mucho que tuvieras que agarrar con tanta  fuerza la mano de tu madre, hasta doler, para así intentar canalizar tu miedo. Siento mucho que esto haya sido el detonante de todo este tiempo de acoso. Esto pequeñajo, ya no lo puedes ocultar. Ahora ya no puedes llegar a casa, poner una tímida sonrisa y afirmar que todo está bien.  Tus padres sabían que las cosas no iban bien pero esto ya ha sido para ellos la afirmación.

A partir de ahora verás a tus padres  hablar con los profesores, intentado averiguar qué pasa. Pero estos, lo único que les dirán es que’ han sido cosas de críos’ lo cual, a tus padres no les servirá de nada, e irán a reunirse con el director. A este se le llenará la boca afirmando su intolerancia (tanto por su parte como por la del centro)  al acoso en las aulas. Afirmando que esto va en contra de toda la ética y moral cristiana que el colegio profesa y que lógicamente este suceso no iba a quedar en saco roto. Que el centro tomaría medidas para que no volviera a ocurrir. Pero cariño estas medidas nunca se llegarán a tomar. Al salir tus padres por la puerta del despacho, ellos olvidaron el tema.

 

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Siestas y café

 

Querida  Madrina:

Es impresionante como pasa el tiempo. Como todos esos días en la plazoleta quedan borrosos en mi memoria pero es aún más impresionante como todas y cada una de esas cosas han calado en mi forma de ser. Es cierto que no me acuerdo de que pasó el día X a la hora Y pero es impresionante como cada vez que me preparo una taza de café automáticamente me trasporto a casa de la abuela y siento como, por un instante, volvemos a estar todos juntos.  Es impresionante como cada vez que me voy a echar una siesta automáticamente me huele a verano, a hamburguesas, a historias interminables donde Caperucita se podía hacer amiga de Peter Pan y el abuelo me  escuchaba  con toda su inagotable paciencia,  a caballos, a juegos sin horarios, a piscina, a fotografía… pero sobretodo es impresionante la noche de Reyes. Esa noche tan mágica, que aún me pone nervioso, en la que todavia escucho a los camellos, en la que no se si beber mucha agua para intentar pillarlos infraganti en el salón o dormir plácidamente para asegurarme de que por la mañana tendré mis regalos. Deseoso de despertar e ir corriendo  a tu casa, para abrir los que me han dejado allí y poder jugar con ellos. Para poder ver, por última vez en esas navidades, el portalito de belén más  grande y bonito  del mundo.  Por todo eso y un millón de cosas más, incluso por todas esas  que no sé y que muy posiblemente nunca sabré. ¡Gracias!

  ¡FELIZ CUMPLEAÑOS!

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Del colegio al hospital.

 

Querido Blair:

 

¿Qué pasa pequeño? ¿Cómo estás? Ya sé que mi última carta fue bastante desagradable y no sabes cuánto lo lamento.  Pero desgraciadamente esta no va a ser más alegre.  Más bien será todo lo contrario. ¿Te acuerdas de esos ‘compañeros’ que estuvieron dándote  balonazos? ¿Esos  con los que tienes que convivir a diario? ¿Esos a los que no te atreves a mirar directamente a los ojos por miedo a recibir más rechazo? ¿Esos?  Pues pequeño llegarás a tal punto en el que te esconderás en los pasillos, en los baños o incluso en zonas del colegio que no conocías con tal de no bajar al patio. Pero hay un gran problema…en clase no te puedes esconder. En clase tienes que estar en tu sitio y por mucho que tú lo desees, la tierra no te va a tragar, ni vas a ser invisible, ni tus compañeros van a pasar de ti y tu profesora no va a poner remedio a ello…

Y un día de estos te sentirás tan pequeño, tan vulnerable, tan despreciado, tan repudiado que por un instante, tras un último insulto, sin saber cómo ni porque, tendrás el atrevimiento de gritarle a uno de ellos que por favor te deje en paz. Él sin mencionar media palabra se levantará de su sitio y te dará un puñetazo rompiéndote la boca. Así. Sin más.  En un principio no serás consciente de nada, tan solo empezarás  a ver sangre por toda tu ropa. Saldrás corriendo del aula lleno de miedo y de vergüenza. Correrás sin saber a dónde vas, solo quieres correr, huir de allí. Te da igual el labio, te da igual la sangre, te dan igual las risas, todo te da igual.  Solo quieres correr y correr. Correr hasta que se acabe el mundo. Correr hasta que tus piernas te fallen. Correr hasta despertar porque ha sido una pesadilla. Hasta que te des de bruces con una profesora, y esta al ver la sangre, te lleve al baño para examinarte, relajarte  y llamar a tus padres porque necesitas ir a urgencias para que te den puntos de sutura.

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